martes, 19 de marzo de 2024

COLUMNAS

 

La literatura tiene distintas formas. La novela es quizá la más conocida pero no la única. Hay quien afirma que la mejor literatura se encuentra condensada en las columnas de periódico. No puede asegurarse que ello sea cierto, pero si puede afirmarse que es una de las formas literarias más difíciles y en la que se descubre el talento literario para la comunicación y donde la descripción del hecho o la idea que se comenta debe ajustarse a un escaso espacio. No se puede divagar, en términos taurinos hay que escribir la columna en corto y por derecho.
 
La primera edad de oro del columnismo español en prensa se comprende entre los años 1898 y 1936. En esa etapa escribieron los maestros clásicos de la columna periodística como Ramón Gómez de la Serna, Corpus Barga, Julio Camba, Cesar González Ruano, Chaves Nogales, Eugenio Xammar o Josep Pla, autor de una obra periodística y memorialistica oceánica y de una calidad al nivel de los mejores.  No faltaron mujeres que se acercaron al género de la columna con maestría como Emilia Pardo Bazán, Carmen de Burgos o Josefina Carabias. También se acercaron al género escritores de la talla de Azorín, Leopoldo Alas (Clarín) o Benito Pérez Galdós.
 
El genero continuó en la posguerra con nombres como Jose María Pemán, Eugenio d`Ors, Augusto Assía, Julián Marías, Álvaro Cunqueiro o Jose María Castroviejo. También los falangistas reunidos en torno a la revista Escorial como Laín Entralgo, Torrente Ballester, Dionisio Ridruejo, Giménez Caballero o Sánchez Mazas escribieron mucha columna, no siempre hagiográfica del régimen y de alta calidad literaria. Escritores como Camilo José Cela comenzaron a colaborar en prensa, de hecho varios de sus apuntes carpetovetónicos que reunió después en libros habían ido apareciendo previamente en columnas de periódico
 
El gran boom de la columna periodística y su segunda edad de oro se produce en la Transición. Sin duda Francisco Umbral es protagonista absoluto de un nuevo modelo de columna, donde se junta lo político, lo social, lo cultural y, también, lo cotidiano. Muchos de sus libros tienen origen en colecciones de columnas que habían sido publicadas en periódicos. Es la época de grandes columnistas, algunos en activo hoy y con gran éxito, como Manuel Vicent, Raúl del Pozo, Maruja Torres, Carmen Rigalt o Rosa Montero, al igual que de otros desaparecidos como Manuel Vázquez Montalbán, un maestro de la columna y de la novela con títulos inolvidables como los de la serie Carvalho, la nueva novela negra de la transición, Antonio Gala, Pedro Rodríguez o Víctor Márquez Reviriego fueron nombres destacados, sin olvidar a cáusticos en su vertiente política como Jaime Campmany o Emilio Romero o Alfonso Ussia, este último sigue en activo.
 
Posteriormente fueron añadiéndose escritores que acabaron siendo grandes columnistas como Javier Marías, portentoso, tan buen escritor de columnas como de novelas, sus libros de colecciones de columnas quedan como muestra, Antonio Muñoz Molina o Arturo Pérez Reverte, excelente columnista, que no publica tristemente en libros sus columnas con la excepción de cuatro volúmenes de recopilación de su primera etapa. También un Nobel como Mario Vargas Llosa ha sido y es un excelente columnista. No han faltado filósofos como Fernando Savater, autor de muchos libros que han recopilado sus columnas de prensa
 
Hoy la columna como especialidad periodística tiene el futuro asegurado. Nombres como los de Leila Guerreiro, Luz Sánchez Mellado, Elvira Lindo, Manuel Jabois, Jorge Bustos, Chapu Apaolaza, Ignacio Peyró, entre otros, junto con los más veteranos que siguen en la brecha como Juan José Millás, tan buen columnista como novelista, Alex Grijelmo, Félix de Azúa, veterano esplendido, Ignacio Ruiz-Quintano, portentoso, Pedro García Cuartango, el joven pero veterano Juan Manuel de Prada o el desaparecido pero no olvidado David Gistau, confirman que la columna periodística tiene largo recorrido. Varios de ellos verán en breve colecciones de sus columnas recopiladas publicadas.
 
Eric Hobsbawm, prestigioso historiador británico, dijo que el historiador a diferencia del periodista trabajo con hechos ya conocidos, por lo que su equivocación solo podría ser interpretativa, mientras que los periodistas sólo tratan la actualidad y un futuro desconocido. Tenía razón.
 
Por qué la columna periodística ha sido desde hace años leída por millones de lectores de periódicos y que la hace tan atractiva. La razón es que es un análisis rápido, a vuela pluma, de la realidad. Coloca al lector ante una opinión, una posibilidad y un posible futuro, pero no asegura nada. Si además de ello está escrita con la calidad literaria de Josep Pla o Francisco Umbral, la agudeza de Manuel Vicent, o la jocosidad de Ignacio Ruiz- Quintano, el éxito está asegurado.
 
Seguramente leer prensa escrita en papel pertenece ya a una etapa pretérita, el futuro es virtual y se leerá en diversos soportes y no precisamente papel. Pero la columna seguirá leyéndose sus autores dibujarán el presente concreto y sus recopilaciones, serán otro modo de historia a base de pequeños retazos de realidad diaria. Larga vida a la columna.

viernes, 1 de marzo de 2024

MACRON

Macron llama a la guerra contra la Madre Rusia. De un modo indirecto es lo que ha realizado esta semana el presidente de la República Francesa. Apoyado por la presidenta de la Comisión, Úrsula Von der Leyen, se ha lanzado a ejercer de lider moral del mundo occidental, antes de que llegue Donald Trump, si gana las elecciones en USA y cierre definitivamente la OTAN.
 
Como un nuevo Napoleón Bonaparte pretende rememorar los fracasos del emperador y llevar a Europa y a la OTAN a otro naufragio en la nieve del invierno ruso. En su momento en el comienzo de la crisis con Ucrania fue a ver a Putin, el nuevo Stalin ruso, formado en los cuarteles de la KGB y experto en asesinar opositores, no logrando que este se rindiera ante su magnetismo. Se les fotografió en una mesa kilométrica, en el que cada uno estaba en un extremo. Lo decidió Putin para hacerle saber en qué situación realmente se encontraban las ideas de cada uno.
 
Desde entonces herido en su orgullo de estadista universal, ha estado fraguando la venganza sobre Putin. Ha olvidado que la diplomacia, a veces oscura y desagradable, es la única que puede conducir al mundo a una salida razonable antes de volver al estado de naturaleza prehobessiano, en el que todos están contra todo y contra todos. Es lo que posiblemente ocurriría tras un enfrentamiento nuclear.
 
Pero Macron es un hombre de estos tiempos, donde no impera la paciencia y el análisis de la historia reciente y pasada que ayude a comprender que casi todo pasó antes y que no es preciso caer en una ridícula postura mesiánica que acaba en el adanismo frecuente de muchos lideres actuales que creen que están descubriendo el mundo. A problemas similares conceptualmente se enfrentó Demóstenes en la vieja Grecia.
 
Macron no quiere saber que Reino Unido y Estados Unidos, aguantaron pacientemente una fuerte guerra fría entre 1945 y 1989, año de la caída del muro de Berlín, en tiempos de dirigentes soviéticos como Stalin, Jrushchov, Brézhnev, Andrópov, o ChernenkoTodos ellos tan difíciles como Putin o quizá más. Pero aquellos no vieron amenazadas sus fronteras por la expansión de la OTAN y su organización previa para ingresar como miembro como es la Unión Europea, por ello no actuaron como Putin.
 
Solo un empresario poco fiable, con malas formas y turbio en los negocios como Donald Trump pareció entender que era obligado no hacer caso a la industria armamentística, en la que posiblemente no tiene intereses, y mantuvo abierto el diálogo con Putin, aunque este ya había invadido Crimea en 2014. Eran los tiempos de la otra gran promesa americana Barack Obama que acabó siendo un propagandista de sí mismo y que hizo mutis por el foro ante Putin.
 
Desde que Angela Merkel decidió poner fin a su etapa de máxima dirigente alemana, tanto la OTAN como la Unión Europea han perdido el sentido histórico de la relación entre Rusia, antigua Unión Soviética lo que no debe olvidarse, y lo que se llama ahora eufemísticamente el mundo occidental. Se han olvidado las lecciones del presidente John Fitzgerald Kennedy en la crisis de los misiles, donde la negociación constante dio frutos. Como también no se quiere entender que Mijail Gorbachov, a pesar de su enorme labor, fue quitado de en medio en Rusia, porque se entendía que era prooccidental. Los oligarcas son los nuevos soviets con Rolex de oro y barcos de lujo atracados en España y Putin el secretario general del PCUS.
 
Macron es incapaz de entender toda esa complejidad a pesar de su refinada educación y ha decidido ponerse el sombrero de Napoleón y conducir al mundo contra la vieja madre Rusia, que se aprovisiona de leña para el invierno mientras espera.