viernes, 17 de abril de 2026

VIKTOR ORBÁN

 Las pasadas elecciones de domingo 12 de abril de 2026 pusieron fin a un largo mandato  de Viktor Orbán como primer ministro húngaro entre 2010 y 2026, al perder las elecciones frente a su antiguo correligionario Péter Magyar. Teniendo en cuenta que anteriormente había desempeñado el mismo cargo entre 1998 y 2002, han sido veinte años de gestión sobre los destinos de Polonia que han dejado efectos importantes tanto en el país como en la UE.

 El partido del que es líder, Fidesz-Unión Cívica Húngara, es una formación política ultranacionalista, conservadora y con fuertes rasgos populistas que fue mutando hacia la extrema derecha durante los años en que fue primer ministro Orbán.

Sus años de gobierno han sido un claro ejemplo práctico del populismo del siglo XXI en la versión de ideología conservadora. No puede dejarse de lado que el populismo del siglo XXI en la versión ideología radical de izquierda también ha estado presente en el continente con ejemplos como el partido Syriza griego de Alexis Tsipras o en España la formación Podemos cuyo líder fue Pablo Iglesias.

Los populismos ultraderechistas como el de Orban, al igual que los de extrema izquierda, han tenido un importante protagonismo en el primer cuarto de este siglo en Europa. Su influencia sigue vigente de modo amenazante en países como Francia, los Países Bajos o en España a través de la formación VOX de Santiago Abascal, que ha compartido numerosos actos con Viktor Orban. 

Sin embargo, parece claro que el modelo populista de ultraderecha sigue manteniendo mas fuerza en Europa que el modelo populista de extrema izquierda que tuvo más influencia en los primeros años del siglo XXI.

El modelo de Orban ha sido muy claro. Se ha aliado con las posturas de la Rusia de Putin en la invasión de Ucrania, manteniendo una estrecha relación con el líder ruso que terminó por poner en guardia a la propia Unión Europea ante el temor, no infundado, que fuera una especie de Caballo de Troya dentro de la Unión Europea, pasando información constante a Putin.

La extravagancia política de Orban no queda ahí. Su total sintonía con las políticas de Donald Trump ha sido la tónica habitual ante los continuos exabruptos políticos del presidente americano, lo que terminó por crear un problema de convivencia en la Unión Europea, frenando en numerosas ocasiones la ayuda hacia Ucrania para tratar de parar el imperialismo de Putin en Ucrania.

En un análisis urgente tras la salida de Orban es reseñable que el eje Orban-Putin-Trump ha quedado fuertemente dañado. Lo que pudiera parecer política ficción al dar importancia a ese eje que tímidamente en ocasiones los analistas de los medios de información han reconocido su existencia, no lo es. Ese eje ha existido y sigue existiendo, la estrecha relación entre Putin y Trump a pesar del conflicto ucraniano es evidente y se mantiene. Los comportamientos vergonzantes en público de Trump frente a Zelensky así lo atestiguan.

Todo ello lleva a considerar el verdadero problema del populismo del siglo XXI, en este caso versión conservadora de ultraderecha, que parece que es el de mayor influencia en Europa. Esa tendencia que está a un paso del autoritarismo, que con seguridad terminaría en planteamientos totalitarios, es uno de los caballos del apocalipsis que puede terminar por desfigurar la democracia contemporánea.


viernes, 3 de abril de 2026

APOROFOBIA ISLÁMICA

Los recientes acontecimientos producidos en el RCDE Stadium en Cornellá el pasado 31 de marzo durante el partido amistoso internacional entre España y Egipto ponen de nuevo en actualidad algo que está latente en algunos sectores de la ciudadanía.

No hay acuerdo unánime en si el rechazo a la comunidad islámica que una gran parte del público asistente profirió al slogan de <<musulmán el que no vote>> es el síntoma de algo más que una idea desafortunada y despectiva frente al equipo egipcio. 

Podría ser un brote peligroso de racismo, xenofobia y falta de respeto a las creencias religiosas, que en todo caso no puede pasar desapercibido. También podría haber sido una reacción desafortunada, otra más, en los campos de futbol donde una parte de los asistentes reacciona de modo tribal a los gritos que inician algunos desaprensivos,  a los que se unieron de modo instintivo, aunque en este caso sea desagradablemente despectivo a la selección egipcia.

Además de esas posibilidades las causas pueden ser bastantes más y todas unidas pudieron dan lugar a que en un momento en que se produce un acontecimiento masivo muchos ciudadanos escondidos en la masa de aficionados de modo anónimo, acaben uniéndose a un grito que creían deportivo, cuando en realidad era tremendamente antideportivo.

La única realidad es que se ha insultado a unas creencias religiosas que practican muchos miles de ciudadanos que viven ya en España. También es un ejemplo de intolerancia religiosa que choca con un derecho fundamental recogido en el art.16 de la Constitución de 1978, la libertad religiosa.

Pero también denota que una parte importante de los asistentes al partido no está contento con la convivencia con personas de religión musulmana. Esconder esa realidad hace un flaco favor a la comprensión de las múltiples causas de ese descontento, que puede generar conflictos mucho más graves.

¿En su causa subyace un racismo profundo?, esa es la verdadera cuestión a analizar y que posiblemente sea muy compleja de contestar. Podría estarse ante un caso, también otro más, de aporofobia, en este caso seria aporofobia islámica.

Seguramente habrá un poco de todo. En su momento Adela Cortina, en torno a los años noventa, acuñó el término. Sus orígenes etimológicos lo hacen comprensible, viene del griego aporos (pobre, sin recursos) y fobia (temor), lo que sería finalmente temor al pobre

Posteriormente publicó una obra donde desarrolla aquel fenómeno social que venía observando y al que dio nombre, Aporofobia. El rechazo al pobre. Un desafío para la democracia Barcelona. Paidós Estado y sociedad, 2017.

Desde una observación realista de los sucesos de RCDE Stadium, estos tienen unos rasgos que son totalmente compatibles con esa variante de la aparofobia ya señalada, aporofobia islámica, que desde luego merece verdadera atención, además de un análisis social, político y económico realista de sus causas. 

En el partido jugaba en las filas españolas Lamine Yamal, extraordinario jugador del Futbol Club Barcelona de religión islámica como él mismo recordó al finalizar el partido. Los insultos no iban para él, pero se sintió agredido. Tenía razón.

Otros jugadores de creencias islámicas han jugado y juegan en clubes españoles y no son ni fueron insultados por sus creencias en los partidos de la liga española. Karim Benzema, Antonio Rüdiger, Arda Güler del Real Madrid o Maroan Sannadi del Athletic Club, fueron y son ejemplos. 

Ello no hay que perderlo de vista ante los que fatalmente alzan la voz como si se estuviera ante un brote racista inminente de consecuencias imprevisibles. Pero esa no es la realidad hoy.

La realidad actual es que la gente corriente ve con preocupación que existe un incremento sustancial de la inmigración que en algunos casos es irregular y comienza a temer, seguramente de modo irreal, por sus empleos o por la desfiguración social de su entorno. 

Desconocer esa sensación es propia de quien no pisa la calle hace años y está absorto en los despachos políticos o en está inmerso en la rueda de los intereses políticos que en gran parte de los casos se convierten con rapidez en personales.

Las continuas noticias de regularizaciones masivas de inmigrantes en situación irregular, de los que seguramente la inmensa mayor parte de ellos son excelentes ciudadanos, no favorece a que la ciudadanía considere que está ante un proceso organizado, lógico y necesario por los problemas demográficos del país. 

Por el contrario, puede pensar y con toda la razón que está ante un despropósito organizativo de la cuestión inmigratoria que se salva cada cierto tiempo con esas regularizaciones masivas. Los responsables no son los ciudadanos, sino quienes tienen la responsabilidad política en cada momento.




jueves, 2 de abril de 2026

HABERMAS

Definitivamente Jürgen Habermas ya está en la historia del pensamiento desde el pasado 14 de marzo de 2026. Prácticamente ha sido unánime el reconocimiento a su obra en los numerosos artículos periodísticos, redes sociales y distintas publicaciones.

Conjuntamente con John Rawls quizá haya sido el filósofo más influyente en filosofía política del siglo XX y de lo que va del XXI. Su obra ha sido oceánica por su gran extensión y ha alcanzado a otras áreas de la filosofía como la epistemología, el lenguaje, la metafísica y la filosofía moral, alcanzando sus trabajos a otras especialidades como la teoría social y la sociología. Sin olvidar sus frecuentes incursiones en la actualidad política y social, Habermas nunca dio la espalda a opinar sobre cualquier tema del momento que suscitase su interés.

En las publicaciones en torno a su despedida se han repasado sus principales aportaciones a la ética discursiva contemporánea que contribuyó a desarrollar conjuntamente con las aportaciones de Karl-Otto Apel, la denominada ética de la comunicación o ética del discurso.

Es precisamente la gran aportación de Habermas a la teoría de la democracia contemporánea sus propuestas para tratar de conducir el debate contemporáneo hacia territorios más racionales que permitan avanzar a las sociedades complejas del siglo XXI.

Quizá en lo que no se haya profundizado en exceso sobre las propuestas de Habermas, es en el papel que propone a la propia sociedad y a la ciudadanía para conseguir los acuerdos y consensos necesarios para tratar de cohesionar y equilibrar las sociedades ante un mundo complejo, multifactorial y cambiante que no da un momento de respiro social y político ante la rapidez con la que aparecen nuevas circunstancias que requieren de soluciones casi instantáneas. 

La comunicación continua, la inmediatez y el vértigo de los acontecimientos son caracteres sociales ya del siglo XXI.

Se tacha con cierta prudencia a Habermas de filósofo denso, a veces difícil de leer y, también, se le censura que no concreta soluciones en torno a cómo debe enfocarse la discusión política contemporánea y cuales son los límites de esa discusión. En ocasiones, podría parecer que propone un debate cíclico y continuo como algunos autores han insinuado recordando su formación inicial dentro del materialismo histórico.

Es razonable reconocer que algunas de esas críticas pueden tener fundamento. Desde luego no es un pensador esquemático y de una obra corta, ya que en ocasiones se requiere establecer conexiones entre diversas ideas que establece en sus distintas obras. 

También es cierto que su idea de diálogo y cooperación racional que permita llegar a establecer consensos tiene solo dos límites claros, el respeto mutuo y una adecuada argumentación, lo que deja abierto el tiempo y la forma en que esos acuerdos puedan conseguirse.

Es en ese aspecto en el que se ha profundizado poco. Sobre cómo lograr que esa negociación e intercambio de propuestas se realice, sobre quienes deben encauzarlo que podrían ser los partidos políticos, los ciudadanos o la llamada sociedad civil.

Su propuesta es decididamente ética. Va dirigida tanto al individuo en su vertiente unipersonal en cuanto a su forma de comportarse y participar en sociedad como a los grupos de individuos, ya sean organizados -partidos políticos, asociaciones- o no organizados -ciudadanía y sociedad civil-. Como en toda propuesta ética cada caso tiene su propia particularidad en cuanto a la aplicación práctica de su propuesta. Es en esas cuestiones donde parece que existen dudas.

Habermas era plenamente consciente que en las sociedades democráticas contemporáneas el papel de los partidos políticos es esencial, ya que es la forma de trasladar a términos prácticos la democracia representativa. Como señala en alguna de sus obras era plenamente conocedor de la obra de especialistas reputados como Giovanni Sartori, que en su obra Los partidos políticos establece las insuficiencias del modelo de partidos y las dificultades para corregir sus desajustes.

Es precisamente para salvar esa dificultad del modelo en la representación de los partidos, grupos y coaliciones en los parlamentos que incardina la representación popular por la que desarrolla con amplitud su ética discursiva, cuidándose expresamente de circunscribirla a los partidos políticos. Desde ahí debe entenderse en profundidad a Habermas y su propuesta de dialogo, negociación, intercambio de ideas, consensos y acuerdos.

Traslada directamente al propio ciudadano y a su libertad la responsabilidad de instrumentalizar sus propuestas y deseos para que debidamente canalizadas influyan en los partidos políticos, grupos, asociaciones o coaliciones políticas que se presenten a las elecciones.

Una lectura sosegada y ponderada de Habermas permite entender que su mensaje operativo y práctico principal es que ya no basta con escuchar las propuestas de los partidos políticos y elegir por el ciudadano la que mejor se le adapte y apoyarla. Eso es insuficiente en sociedades complejas. Proclama que ya no existen explicaciones del mundo unitarias y completas como pretendía el marxismo o el fascismo. 

Las sociedades son complejas y van a seguir siéndolo cada vez más. Es preciso que la ciudadanía tome cartas en el asunto y comience a exigir a los partidos políticos y grupos que se presenten a las elecciones que tengan en cuenta las propuestas que la ciudadanía les hace llegar desde la sociedad civil. Es un importante cambio de paradigma que exige principalmente pedagogía social y ciudadana.

La democracia interna de los partidos políticos, como advirtió Sartori, es deficiente. Los grupos de presión internos, los intereses particulares y la dificultad de la libertad de opinión en el seno de los partidos políticos son cuestiones que están presentes en las organizaciones políticas. No así en la sociedad civil que puede y debe organizarse para contribuir al debate ciudadano.

Ese es el gran reto que Habermas propone a la sociedad para evitar que el autoritarismo, el populismo y el totalitarismo terminen por desfigurar a la democracia contemporánea.